El Principito


Con Ritmo nos hemos propuesto rendir homenajea aquello que nos mueve el corazón y precisamente por esa razón nos llena de emoción que nuestra colección de lanzamiento  esté inspirada en El Principito, la célebre novela corta escrita e ilustrada por el francés Antoine de Saint-Exupéry, publicada originalmente en abril de 1943.

Además de ser una de las obras más traducidas y leídas de la literatura universal, es considerada un relato filosófico que logra sintetizar grandes dilemas de la existencia humana en metáforas claras y accesibles tanto para un niño como para un adulto. Su lectura funciona en dos niveles simultáneos. Es un cuento ilustrado con un viaje espacial fascinante para el público infantil, y al mismo tiempo un ensayo existencialista que interpela la desconexión de los adultos con su esencia. 

 


En 1940, tras la ocupación alemana de Francia, Saint-Exupéry se exilió en Nueva York. Afectado por la guerra, la soledad y la melancolía por su patria, sus editores le sugirieron escribir un cuento infantil para aliviar su profunda tristeza. Él decidió canalizar esa nostalgia en un relato poético sobre el sentido de la vida que dedicó a su mejor amigo, el escritor y crítico de arte Léon Werth, quien aún vivía en Francia y sufría la persecución de la ocupación durante la guerra.  Esta dedicatoria refleja la esencia de esta obra que, además de hacer un homenaje a la infancia, expresa un mensaje de solidaridad que pone la amistad en un lugar preponderante en toda la novela.

A Léon Werth
Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande. tengo una seria razón para ello: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra razón: esta persona grande puede comprenderlo todo, incluso los libros para niños. Tengo una tercera razón: esta persona grande vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Tiene una verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas razones no fueran suficientes, quiero dejar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes (pero pocas lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria: 

A León Werth, cuando era niño. 

 

En última instancia, el libro no busca enseñar a los niños cómo funciona el mundo, sino recordar a los adultos qué fue lo que olvidaron en el camino hacia la madurez.

 

 

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